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miércoles, 1 de abril de 2015

10 días... desafío lurbel - Calar del Rio Mundo 2015

Sólo restan 10 días. Estoy preparado.., no lo sé, tengo muchas ganas, aunque mi rodilla parece estar "chirriando", el problema coincidió con un cambio de zapatilla, mis viejas Xodus 4.0 por unas Adidas Riot 6. Parece ser que el control de pronación y el cambio drástico de Drop no le ha gustado mucho a mi pierna, aunque las malas lenguas, dicen que dicho control se lo han cargado en la versión 6 de esta zapa.






No lo sé, el caso es que ayer volví a salir a entrenar, unos 12 km, tuve buenas sensaciones, no aparecieron los pinchazos..., vamos a ver...

La semana que viene tocará visita al fisio, descarga muscular, pasar revisión ... y porque no, descartar menisco.

P.D.: Rabasa en Alicante, podría ser un vergel







sábado, 30 de agosto de 2014

Cavalls del Vent


"La fuerza no viene de la capacidad corporal, sino de la voluntad del alma." Gandhi.

Todo empezó hace algunos años, cuando Michel me hizo saber la existencia de esta prueba y con él estuve apunto de hacerla, al final no pude ser y tuvo que embarcarse sólo.

Después de Transvulcania iba a ser mi próximo gran reto, inscribirme en la ultrapireneu, aunque un sondeo de mis conocidos me hizo caer en la cuenta que si quería hacerla me tocaría ir sólo. Pienso que en estos tipos de pruebas es mejor ir siempre acompañado, aunque después cada cual haga su carrera. Así que en vista de que nadie iba a poder a acompañarme a la ultrapirineu, decidí, embaucarme en Cavalls del Vent, la carrera original. Recorrido de 75 km y 5.500 metros de desnivel positivo que discurre en las mismísimas entrañas del parque natural de Cadí-Moixeró.

Para ello tuve que convencer a algunos amigos, tratándose de este tipo de eventos y lo que a ellos les gusta, me costó poco. Me acompañarían, Rafa, Luis, Jose, César, y de Almería Jose y Paco, éste último fué convencido a su vez por Jose. César, montañero y escalador de afición, era el novato del grupo en cuanto a ultras se refería, pero se defendió como el mejor.

Decidimos alquilar un vehículo, un furgón para desplazarnos hasta la localidad de Saldes, en Barcelona. Salíamos a las 9:30 de la mañana desde Castalla y antes de las 18:00 de la tarde, llegábamos al aparcamiento que hay cerca del refugio de Lluis Estasen, en dicho refugio pernoctaríamos la noche después de la prueba. Tuvimos que permanecer en el vehículo hasta pasadas las 19:00 horas, la lluvia impedía ir en busca del refugio. Pero como bien dijo Alex de Pego, una máquina con temas meteorológicos, esta pararía en breve y no haría falta preocuparnos más del cielo. Decidimos usar bolsas de basura para cubrir las mochilas y sacamos los impermeables, de esta forma pudimos llegar hasta el refugio.

Mientras cenábamos, la lluvia poco a poco cesaba e incluso entre las nubes, podíamos divisar un cielo estrellado. Después de divagar sobre qué podíamos hacer si el tiempo no acompañaba, decidimos seguir un poco con el plan original. Así que nos cambiamos y a eso de las 22:30 ya estábamos listos para partir. Nos hicimos las fotos de rigor y sellábamos en nuestro forfait el primer refugio (Lluis Estasen).

El recorrido sería en sentido anti-horario, el mismo sentido en el que se hace la carrera. El objetivo, intentar completar el recorrido en menos de 24 horas.

Primera Etapa: Estasen -> Gressolet.


Aunque la lluvia había cesado, la senda por la que debíamos descender hasta el siguiente refugio (Gressolet), estaba totalmente anegada, es más, entre nuestros pies discurría el agua como si de un pequeño arroyo se tratase. Esto, junto con las raíces de los enormes pinos que poblaban el bosque, hacía que el terreno fuese muy peligroso, tanto que di un par de veces con mis huesos en el suelo.

A escasos cientos de metros del refugio, un gran arroyo se interponía en nuestro paso, debíamos cruzarlo, yo iba el primero, la excesiva confianza junto a las prisas hicieron el resto, resbalé y caí dentro de la poza, llegué a asustarme un poco puesto que el agua me llegó prácticamente hasta el cuello. Gracias a que todo dentro de la mochila lo llevaba dentro de bolsas con cierre hermético, pude continuar la marcha sin mayor problema.



Llegamos al refugio y lo primero que hice fue comprobar el estado de todo el material, quitarme la ropa mojada, secarme y ponerme ropa seca.

Subimos 93 metros y bajajos 570

Segunda Etapa: Gressolet - > Sant Jordi



Dejamos atrás el refugio de Gressolet, comenzábamos a sumar desnivel positivo, subiendo por un barranco y adentrándonos en el hayedo del Gressolet, bastante practicable a través de una pista forestal, hasta el cuello de la Bauma (1577 m). Después de varios kilómetros de pista, perdimos las marcas naranjas de la ruta. Gracias a la buena orientación de César y la confirmación del Dakota 20, nos dimos cuenta, que la ruta continuaba por una senda a mano izquierda del camino, por la cual habíamos pasado varias veces y no nos habíamos percatado de ella. De nuevo encontramos las marcas naranjas, íbamos en la buena dirección. Comenzaban a aparecer los inmensos pinares, acebos y pasturas de media-alta montaña.

Pronto coronamos la cumbre y mientras nos reagrupábamos, apagamos los frontales. El espectáculo de un cielo iluminado por las estrellas, sin ningún tipo de contaminación lumínica, era abrumador. Continuamos con nuestra particular gesta, se alternaban caminos y sendas locales, el Coll de la Bena. Pasando por St-Martí del Puig, se baja al punto más bajo de nuestro recorrido, Cal Cerdanyol (910m). Desde aquí, comenzaríamos la última remontada por el torrente dels Empredrats, entre hayas y pinos, que nos llevaría al refugio.

Subimos 1009 metros y bajamos 667.

Tercera Etapa: Sant Jordi -> Rebost

Una pequeña llovizna, daría paso a una tormenta, menos mal no nos cogió de lleno. Relámpagos y truenos hacían presagiar algo nada halagüeño. Sin embargo, dejando atrás el refugio llegamos a una encrucijada de senderos y viramos a la izquierda, bajando de nuevo a través del barranco hasta Cal Escriu (1310 m), alejándonos de la tormenta, al poco había dejado de llover y volveríamos a ver de nuevo el tan ansiado cielo estrellado.

Al poco nos encontramos bordeando el río Greixer, en ningún momento pensaba que nos tocaría cruzarlo, que bonito es este río, como se oye el discurrir del agua... y zas!!, la ruta lo atraviesa. Con las lluvias, el paso por donde debíamos cruzar había crecido y con ella la fuerza del agua. Esta vez y acordándome lo que había pasado unas horas antes, no me la jugué, clavé el primer pié dentro del agua y atravesé el río sin hacer ningún tipo de malabarismo. Más adelante y conforme subíamos por la senda nos tocaría volver a cruzarlo alguna vez más, así que volveríamos a mojarnos los pies.



Cruzaríamos la C-16 y comenzaríamos la remontada por un prado, posteriormente la senda se internaría por un bosque frondoso, donde había que apartar las ramas con las manos para poder abrirse paso, hasta llegar a casa Millares  (1230 m), de la cual parte de nuevo la senda por la izquierda, volviendo de nuevo a bajar.

Al poco, y entre bosques, volveríamos de nuevo a subir, un tramo bastante empinado, primero camino forestal, después senda, comenzaba a amanecer, por fin podíamos apagar los frontales. La senda, a la izquierda, dejaba entrever la grandiosidad del Alt de Berguedá, rodeado del Cadí y el Moixeró, paramos para recrearnos la vista y hacernos unas fotos, habíamos llegado al siguiente refugio.

Subimos 939 metros y bajamos 864

Cuarta Etapa: Rebost -> Niu de l'aliga

Salimos del refugio de Rebost, prácticamente de día, un poco apesadumbrado puesto que a las 7:00 AM el refugio aún permanecía cerrado a cal y canto y no pudimos tomarnos una buena taza de café con leche que nos hubiese levantado el ánimo. 

Ascendimos por un sendero zigzagueante y eterno hasta alcanzar Comafloriu, por el GR150.1 y cruzando un prado donde pudimos contemplar un zorro de la zona, alcanzamos el inicio del barranco que nos llevaría al Niu de l'aliga, punto más alto de la ruta (2513 m). Sin darnos cuenta, dejamos un poco atrás a Rafa, César, Jose y Luis, por delante, Paco, Jose y un servidor. Las altas cumbres y el cielo totalmente despejado nos hacía un regalo a nuestros ojos, hasta una manada de rebecos se cruzaron delante de nuestro camino, la silueta del refugio también aparecía en el horizonte y en lo más alto de la cumbre.

Llegamos al refugio, nos descalzamos y mientras Jose llegaba, Paco y yo pedíamos un buén Café con leche y un bocata de Jamón con tomate. Al final, todos volvimos a reagruparnos allí. 


Subimos 880 metros

Quinta Etapa: Niu de l'aliga -> Serrat de les Esposes

Paco y Jose, los dos compañeros de Almería, decidieron continuar. Yo decidí quedarme con los de Onil (Luis, Rafa, Jose y César). El siguiente tramo sería bastante duro. Terreno un tanto técnico, había que afrontar algunos canchales de pasos áereos y roca escarpada, así que decidimos tomarlo con calma, un mal traspié, y podías acabar despeñandote. El Coll de Jou, un antiguo paso de contrabandistas y maquis, daría comienzo a la última rampa de subida a Penyes Altes. Terminamos de bajar por Collet de Roset y llegamos a un prado, el prat de Moixeró, caballos y vacas, muchas vacas delante de nosotros. Cruzamos el prado y al poco bajábamos por un torrente, empinado y embarrizado, las caídas aquí eran casi seguras, así que optamos ir pisando la hierba que seguir la senda.





Llegabamos a una pista, el Grau de l'Os, algunos kilómetros después, cambiaríamos la pista por una senda empinada que nos llevaría al refugio.



Subimos 360 metros y bajamos 1455

Sexta Etapa: Serrat de las Esposes -> Cortals



Cargamos los depósitos de agua y sin perder mucho tiempo partimos hacia el siguiente refugio. Ascendimos por una pista, pronto, un pequeño sendero se abriría a la izquierda y dejaríamos la pista atrás, hablé con mis compañeros, me notaba bien de fuerzas y decidí tirar un poco más. 

Al poco de dejarlos, perdí las marcas naranjas y tuve que volver a la última que había visto (esto es siempre recomendable, antes de aventurarse y perderse todavía más), volví a reagruparme con mis compañeros, saqué el Garmin Dakota, puesto que el de muñeca se había quedado sin batería y encontramos de nuevo el sendero y las marcas que anteriormente habíamos perdido. Me volví a separar de ellos y en ese mismo momento vi como por detrás, a la altura de mis "compis", alguien pasaba trotando como yo, era Paco, se había perdido y le había pasado algo parecido a mí, pero en vez de unos cientos de metros, era de unos cuantos kilómetros.

A lo largo de este tramo, pude observar que muy cerca de la senda, se sucedían diversas variedades de setas, entre ellas, la que más me llamó la atención fué un ejemplar de Amanita muskaria, como dice un buen amigo mío, la seta de David el Gnomo.


Llegábamos a Cortals, preguntamos al chico del refugio por Jose y nos respondió con otra pregunta... ¿Un chico de Almería?... sí... se comió un bocadillo y continuó con la marcha. Recargamos de nuevo los botes de agua, le pegué un buen trago a un bote de bebida isotónica y continuamos la marcha.

Subimos 196 metros y bajamos 97

Séptima Etapa: Cortals -> Prat D'aguiló

Antes de abandonar el refugio, Paco preguntó al guarda si la senda a la que nos enfrentábamos era igual que la del último tramo... este contestó... bueno... algo más abrupta... tenéis que subir hasta allí, apuntando con su anular a la parte más alta de una cresta, con apariencia rocosa, que se veía en lo más alto... el Pas del Bous (2253 metros). Ni siquiera cruzamos miradas, pero ambos sabíamos perfectamente a qué nos enfrentábamos.

Salimos al trote de allí, Paco un poco por delante de mí, aunque al poco estábamos otra vez juntos, camino forestal hacia el torrente de Vimboca, viramos a la izquierda y a los pocos metros, el track nos desviaría por una senda empinada y angosta, al poco y a lo lejos, en un prado podíamos divisar la silueta de otro corredor, era Jose. 

Conversamos animosamente, Jose nos comentó que también se había perdido y que le había llevado algún tiempo encontrar de nuevo el camino. Ahora continuaríamos los tres un rato, hasta llegar a una zona bastante empinada y alpina, la collada de Vimboca (1848 metros) senda aérea con pasos de roca, Jose se quedaría atrás, precisamente estábamos donde el guarda del último refugio nos dijo que teníamos que subir.

Dejábamos atrás el Moixeró, nos adentrádamos en el Cadí, la bajada, al igual que la última subida, muy empinada y pedregosa, había que ir con cuidado porque era fácil resbalar, los cuadriceps como en otras muchas ocasiones nos servía de freno... ya empezaban a chirriar!!

Continuábamos bajando, el paisaje era espectacular, flanqueábamos el Cadí en dirección NO, senda que discurría por la ladera de la sierra, a medida que bajábamos, la frecuencia con la que pequeños bosques de pinos nos daban sombran eran cada vez mayor. Pronto llegaríamos al Pla de les Creus, Paco se distanció un poco, paré a sacar una barrita y cuando me di cuenta ya no le veía. Continué avanzando y al poco el refugio estaba delante de mí, Paco acababa de llegar y se disponía a llenar los depósitos de agua para volver a partir. Decidí parar a comer algo, no más barritas, me pedí un bocata, mientras daba cuenta de tan suculento majar, Paco se marchó.

Terminé de comer y cuando me disponía a salir del refugio e iniciar la marcha, Jose llegaba al refugio, lo esperé y salimos los dos juntos de allí.

Subimos 828 metros y bajamos 321

Octava y última etapa: Prat D'aguiló -> Lluis Estasen

Había oído antes de salir, que hasta que no coronáramos de nuevo el Cadí, no encontraríamos marcas naranjas de Cavalls del Vent, deberíamos guiarnos por las marcas de PR124 (Camí dels Segadors). Así que eso haríamos, al poco comenzaríamos el ascenso, el último ascenso, al poco Jose quedó detrás, yo quería quitarme cuanto antes esa angosta pendiente y comencé a tirar. Cuando llegué a la cima, a Jose ya no lo veía, así que decidí seguir.



En la cima, un bonito y extenso prado se abría ante mis ojos, la niebla también comenzaba hacer acto de presencia. Crucé el prado y atravesé el Pas dels Gosolan (2430 metros que daba paso a otro prado el cual descendía poco a poco. Otra vez, el paisaje alpino era brutal, la niebla se hacía cada vez más espesa, comenzaba a no verse a más de 10 metros, no pude contemplar el imponente Pedraforca.

Comenzaba a bajar, por una pista que zigzagueaba, en una piedra pintada la marca naranja del track y justo detrás de esa piedra y de forma perpendicular una senda bien marcada. Bajé por ella y cuando llevaba un rato, advertí que no había visto hace rato las marcas, saqué de nuevo el GPS y vi que estaba en track. Era bastante raro, volví hacia atrás, subiendo por la senda, pero el GPS marcaba "fuera de ruta", así que tenía que decidir si seguía las marcas naranjas o el track de mi GPS. 

Decidí lo segundo, así que pronto llegaría de nuevo a otra pista, en la cual volvía a tener marcas de ruta, tanto a la derecha como a la izquierda, por un momento me sentí perdido, no sé que significaba eso, me serené y aplicando la lógica pronto me di cuenta que lo que reflejaba el track de mi GPS era un atajo.
Cogí el camino hacia la derecha, suponiendo que esa era el sentido que hubiese seguido si no me hubiese desviado por la senda anterior. 

Al poco y a pié de camino, encontré unos indicadores, en uno de ellos, podía leerse Saldes, no podía estar equivocado, a las malas llegaría hasta el pueblo, muchos más kilómetros, que en teoría al refugio de Estasen, pero ya no estaba perdido. El GPS me indicaba que estaba en track. La pista era eterna y al poco me di cuenta que era la misma pista donde el día anterior dejamos aparcada la furgoneta. Así que supuse que pronto encontraría el aparcamiento y las escaleras que me llevarían al refugio.

Durante todo este tiempo, me preocupé bastante por mis amigos, Paco delante de mi sin GPS, Jose detrás, sin batería en su reloj y con un 8% de batería en el móvil. Por detrás, César, Rafa, Jose y Luis, sólo siguiendo las marcas oficiales. Saqué el teléfono y los llamé, pero los teléfonos parecían apagados o fuera de cobertura. Pensé en llegar al refugio y lo primero que haría sería volver llamarlos por teléfono, por un momento se me antojó una noche larga esperando noticias de alguno.

Después de correr un buen rato a un buen ritmo, a mi derecha, aparecían numerosas marcas naranjas, apuntaban a una escalera de tierra, raíces y madera practicada sobre la misma montaña. Ascendí por ella, otra vez, el bosque de pino albar, pino negro, abeto y algunas hayas arropaban la senda, a unos cuantos metros, veía la pared trasera del refugio. Había llegado al final de esta gran aventura.

Subimos 470 metros y bajamos 810

Entré en el refugio y sellé el forfait. Cuando estaba cogiendo la ropa para ir a la ducha, alguien por detrás pronunció mi nombre, me di la vuelta y era Paco, ya se había duchado y cambiado. Me alegré de verlo, mis pensamientos sobre la posibilidad de perderse, por lo menos con él, se había desvanecido. Comentamos el tema de la niebla y la facilidad para perderse, además estaba cayendo de nuevo la noche. Volví a llamar a los compañeros que faltaban, otra vez la comunicación fué imposible.

Fuí a ducharme y cuando estábamos cenando, Paco y yo, Jose hacía acto de presencia. También nos comentó su particular odisea con el tema de la niebla. Por último, Rafa, Luis, Jose y César también entraban en el refugio. Siempre se ha dicho que 8 ojos ven más que dos...






domingo, 18 de mayo de 2014

Transvulcania 2014 y la isla de los volcanes

Los retos, son los que hacen la vida interesante, superarlos es lo que hace que tenga sentido. Joshua J. Marine 


Arribamos con la guagua (así es como llaman los canarios a los autobuses) al faro de Fuencaliente, todavía no habían asomado las primeras luces del alba. Bajando del autobús, noté los primeros latigazos de un fuerte viento que sería un compañero más en el lugar de salida. Me acordé de Rafa, que la noche anterior apuntaba a que deberíamos llevarnos algo de abrigo para recogerlo en meta y no enfriarnos. Menos mal que escuché su consejo e hice caso, las temperaturas no eran bajas, sin embargo nadie había contado con ese factor y la sensación térmica cambió bruscamente.




El speaker se apresuraba en decir que no aguardáramos hasta el último momento para cargar la ropa en el vehículo, aunque hicimos caso omiso y abrigados intentamos resguardarnos detrás del edificio del faro. Cualquier probabilidad de refugio por pequeño que fuese estaba ocupado por corredores, había que tener cuidado de no pisar a nadie.



El tiempo continuaba pasando, y a falta de menos de una hora decidimos levantarnos y acercarnos hasta el camión, era el momento de desprenderse de la chaqueta. Nos apresuramos en meter la ropa en la bolsa habilitada para tal fin y la echamos dentro del vehículo. A la izquierda y abajo, cerca de la playa, vimos como la gente se agolpaba..., no me había dado cuenta antes de que la salida estaba colocada allí. Así que bajamos, pasamos el control y nos situamos en la cola de salida. El viento allí parecía dar alguna tregua.



Poco a poco iban llegando todos los corredores, a falta de 15 o 20 minutos, se colocaban en cabeza los corredores profesionales. En un abrir y cerrar de ojos el speaker anunció la salida y la marea humana comenzaba a moverse. En los primeros compases, solo podíamos andar y muy despacio. En la primera cuesta, la gente se agolpaba al final de ella cual rebaño de ovejas saltando por encima de los obstáculos, tenía su puntazo cómico.



Prácticamente no nos movíamos, así que decidí salirme del sendero marcado y pisando arena blanda de la playa, comenzamos a subir y adelantar a corredores, Iván y Jose me seguían, Rafa decidió tomarse las cosas con más calma.

La pendiente no daba tregua, unas veces más suave, otras veces más abrupta, pero siempre pendiente. Aparecían las primeras luces del alba, el color oscuro característico de aquellos paisajes comenzaba a contrastar fuertemente con la luz clara del día. Al poco abandonábamos la senda y nos internábamos en un camino, podíamos abrirnos y descansar de ir pendiente del corredor de delante para poder superarlo.

Al poco llegaríamos a Los Canarios, los ánimos, las palmas y la ovación de la gente empujaban, sin darte cuenta las pulsaciones se disparaban porque además seguíamos subiendo. Al poco, los corredores profesionales de la media maratón comenzaban a cogernos y nos apartábamos para que pudiesen pasar. Hice un intento de apartarme de la cola de los corredores de la ultra y seguir a un corredor de la media, al principio me pareció que llevaba un ritmo que podía seguir, transcurridos unos segundos detrás de él me di cuenta que si lo seguía pronto terminaría mi carrera.



Miré hacia atrás y Jose ya no nos seguía, del grupo inicial, Iván y yo íbamos en cabeza. Nos alternábamos delante, a medida que pasaban los kilómetros, aunque pronto perdería de vista a Iván, su ritmo más fuerte que el mío, iba dejándome atrás poco a poco. Mientras paraba para quitarme la zapatilla y limpiar el interior de arena, Iván me miró sorprendido y me comentó algo: "has visto a ese?", no me dí cuenta, pero alguien cayó y se dio de bruces, su cara parecía un cristo, chorreaba la sangre. 



Las arenas tintadas por el oscuro pasado volcánico se abrían ante nuestros pasos, a más de mil metros del nivel del mar, todavía seguíamos pisando arena, era como si al coronar la siguiente cima, nos fuésemos a encontrar con la orilla del mar, aunque esta, ni siquiera podía verse, incluso intentando hacer un esfuerzo para poder divisarla desde el pico más alto, un mar de nubes blancas, se interponía entre nosotros y el atlántico. Llegábamos a las deseadas, km 16.5. Alguien de la organización me comentó apuntando al siguiente pico, que ese sería el último en ascender y que después llanearíamos hasta bajar al refugio.

Después de ese pico, la pendiente, daría algo de tregua, tornándose en sentido negativo, comenzamos a descender, de forma muy suave para llegar al área recreativa del Pilar. Cresteando por zonas muy bonitas de sendas marcada con piedras, en otros lugares, el sendero solo dejaba paso a una persona, a izquierda y derecha los acantilados interminables ponían los pelos de punta, a la vez que sorprendía la belleza del lugar.




Al llegar al avituallamiento del Pilar, encontré a Iván, él salio antes que yo para poder atender otros menesteres asociados con sus intestinos para que así y de esta forma pudiese volvernos a ver otra vez. Poco tardé en estar allí, mis botellas todavía estaban llenas de agua y después de comer un poco "dulce de batata" (tengo que reconocer que está bien bueno), dejé el avituallamiento y continué.




Un largo y tortuoso camino forestal me esperaba hasta llegar al siguiente avituallamiento, el reventón. Ya comenzaba a notar los kilómetros en las piernas y los esfuerzos de las primeras subidas comenzaban  a pasar factura, prácticamente hice todo este trayecto trotando. Durante este tramo, la parte anterior del dedo gordo del pié derecho, comenzaba a doler, por un momento empecé a dudar, por un momento pensé que cabía la posibilidad de que si esto iba a más pudiese ser motivo de abandono. Llegué al avituallamiento, me quité la zapatilla y moví el calcetín a la altura de donde me dolía, me puse crema solar en los hombros y brazos y sorprendentemente apareció de nuevo el incombustible Iván. Me contó que había retrocedido para buscarme, porque pensando que estaba más atrás... Le dije que esto no lo volviese hacer más, cualquier metro que hagas de más, en estas carreras, puede suponer entrar en meta o no.




Continuamos juntos, un rato, hasta que yo empecé a notar que algo no iba bien. Sería entre el kilómetro 32 al 35. Mis piernas no respondían, las subidas eran un calvario y solo en las pequeñas bajadas encontraba un poco de alivio. Iván se perdió y yo me había convertido en un "caminante" (alusión a la serie televisaba "The Walking Dead"). Así no podía continuar, así que eché mano de un ibuprofeno y un gel de cafeína, justo coincidía con la llegada al avituallamiento del Pico de la Nieve. Con una manguera, rociaban de agua la cabeza de los corredores, me mojé la cabeza y la gorra. Parece que aquella mezcla de agua-gel cafeína-ibuprofeno me hizo resucitar. Volví a coger unos ritmos parecidos a los anteriores y comencé de nuevo a tirar. Trotaba en las rectas, andaba deprisa en las subidas y me dejaba caer en las bajadas.



El paso por el pico de la cruz fue bastante fugaz, cogí un  bocata y me lo comí mientras andaba, a lo lejos veía las cúpulas del observatorio del roque de los muchachos, suponía el fin del ascenso, por el momento, ello me animaba a seguir empujando. En el box habilitado para los corredores no se podía estar, mucho calor, y mucha gente, así que cogí un plato de macarrones fríos, aquello no había forma de metérselo en el cuerpo. Llené las botellas, me mojé la cabeza de nuevo e inicié la marcha.

Comenzaba a estar casi recuperado del todo, así que empecé a trotar y bajé los 18 kms de bajada a muy buen ritmo, no sé a cuantos corredores pasé..., pero lo que sí se es que adelanté a muchos de ellos, como cosa curiosa, encontré a gente andando de espaldas hacia atrás..., estaban destrozados muscularmente y las rodillas no les aguantaban más.



Llegué al puerto de Tazacorte, pronunciaron mi nombre y me vine arriba otra vez, aquello era una fiesta, la playa al lado y la gente te ovacionaba y aplaudía a tu paso, la carrera prácticamente la tenía en el bolsillo. A un corredor que venía detrás de mí, le pedí que sacase el último gel de mi mochila y mojándome la cabeza , por enésima vez, intenté dar el último empujón.



Dejé la playa atrás y comencé a subir por un barranco (con lo que me gustan a mí), las paredes escarpadas por la erosión del agua eran alucinantes, a los 2 o 3 kilómetros dejábamos el barranco, para subir por una de sus laderas y conectar con el barranco de las angustias (ahora ya se porque le llaman así), desnivel de 300+ para llegar a la recta final a meta. Subí a muy buen ritmo, otra vez y andando, comencé a adelantar a gente, en una de las curvas llegué a divisar a Iván, lo llamé, pero estaba como descolocado, incluso hizo un gesto con la mano que no entendí. Cuando llegué a su altura, me comentó que se había desmayado y que había estado un buen rato para poder recuperarse y volver a caminar.

Intenté trotar cuando coroné la cima del barranco, pero los músculos cuadriceps comenzaban a fascicular, de un momento a otro sufriría un calambre, así que me calmé y comencé a caminar. a los 5 minutos lo volví a intentar, la gente animaba pero no podía arrancar, no todavía. Llegando a la penúltima curva, arranqué y esta vez no dejé de trotar hasta la meta.




Quería dar las gracias a Rafa, Iván y Jose, sin su compañía, este viaje hubiese sido muy difícil.

También dar las gracias a toda nuestros vecinos Canarios, han puesto el listón muy alto en hospitalidad y amabilidad.

En cuanto a la organización de la carrera, un notable. No pongo sobresaliente, porque se de gente que venía detrás y parece ser que faltó agua en algunos avituallamientos. En cuanto a los equipos de salvamento y voluntarios, un 10, estuvieron a la altura en todo momento.





lunes, 7 de abril de 2014

Calcetines regenerativos...

Todos sabemos en el tipo de sociedad en la que vivimos. Si nos preguntan si nos gustan las marcas, muchos de nosotros contestaremos con cierta hipocresía, porque no nos gusta que nos encasillen. Lo que si que podemos afirmar, es que de irse a una marca o a otra los precios se disparan exponencialmente. 

En algunas ocasiones, merece la pena "dejarse los cuartos" y pagar por un material que aunque nos parezca caro, lo vamos a exprimir. Estoy hablando de atletas que posiblemente empleen muchas horas corriendo y que una simple rozadura de un pantalón, no sea nada en 20 km, pero cuando hablamos de 80, posiblemente el problema se complique y aquí es donde las grandes marcas se la juegan. 

Pues bien, este fin de semana y aprovechando que la transvulcania está muy cerca, el sábado hice una salida de unos 30 km con un 1400 + de desnivel. Estrené calcetines nuevos y posiblemente sea los que use en dicha carrera. Cuando cogí la caja entre mis manos, tuve que emplearme a fondo para poder liberarlos de tantisimas etiquetas explicativas. Leí atentamente cada una de ellas para informarme de qué es lo que me ponía en los pies. Durante la sesión de entrenamiento, noté cierto confort. En las bajadas técnicas, donde más se echaba de menos la amortiguación de la zapatilla (tengo que decir que llevaba unas zapas bastante cargadas de kilómetros... cercanas al final de su ciclo de vida), el calcetín mitigó en cierta manera los impactos con el suelo. En definitiva, satisfecho con la compra.

Cuando los adquirí en la tienda, aluciné con lo que me decía la dependienta... "ayudan a regenerar la piel"..., tampoco sé cuanto hay de verdad en esto. Los calcetines de los que hablo son de la marca Lurbel (No me importa decirlo y tampoco tengo acuerdo con ellos), el modelo en cuestión son los "Trail Running" 1210/H3.

Si comparamos estos calcetines con unos calcetines convencionales, evidentemente estos calcetines salen a precio de oro, 12 Eurazos dan para muchos calcetines. Si los comparamos con el mismo tipo de calcetines de otras marcas, pues ya no son tan caros, encima son españoles (Comunidad Valenciana), ¿que más podemos pedir?.



martes, 18 de marzo de 2014

The North Face Alharabe Trail Race (La crónica)

Si algo me rondaba la cabeza esta vez, casi en convertirse una obsesión, era respetar mis umbrales, cuidar en esmero la hidratación y sobre todo la alimentación, llevar un ritmo constante y en progresión, de manera que los kilómetros fluyeran bajo mis piernas, retrasar todo lo posible la aparición del tan temible ácido láctico, y por encima de todas las cosas... disfrutar de la montaña. Esas eran mis premisas antes de iniciar la carrera, esa era mi obsesión, cuidar hasta el último detalle y que los fantasmas del último ultra no se volviesen a presentar.



Gran grupo de gente con el que compartí el fin de semana... Esteban, Iván, Rafa, Luis, Jose y Miguel. Preparados en la línea de salida, eran las 7:20 de la mañana cuando después de pasar el control de material dieron oficialmente la salida. La temperatura, la ideal para no ir demasiado abrigado.

Durante los primeros compases de la carrera, íbamos alternando posiciones, pronto en las primeras rampas más pronunciadas, Esteban y Luis se colocaron delante y con un buen paso, poco a poco empezaron a distanciarse, ellos corren en otra liga. Yo continué regulando y aguantando mi ritmo. Al rato Iván se pondría a mi lado junto con Jose. Juntos terminariamos la carrera.

Pronto alcanzaríamos el techo de la prueba, los 1.360 metros del pico de los frailes, posiblemente la parte más técnica de la carrera. En el ascenso a esta cumbre, todavía la gente concentrada, hacía tapón. Cuando descendimos, las anchas pistas forestales, permitieron que la carrera se abriese y poco a poco, cada uno adoptara su ritmo. Fluían los kilómetros bajos nuestros pies, uno tras otro..., en algunos sitios más rápidos, en las rampas de ascenso, más lentos pero la cuenta atrás era constante. Pronto advertí que uno de mis compis de viaje callaba y no hablaba, Iván empezaba a acusar sus problemas de tobillos y apunto estuvo de tirar la toalla, aunque supo capear el temporal y siguió avanzando.

Llegábamos al último avituallamiento antes de subir a "la muela", nos advirtieron que un pastor se había entretenido en quitar las balizas y que siguiésemos por la pista. Justo en ese mismo momento y cuando llevábamos transcurridos unos cientos de metros, noto vibrar mi reloj "Desvío de trayecto"..., se activaron las alarmas y ese instinto de rastreo comienza a dar sus frutos... pronto Iván se percata de que hay cáscaras de plátano en los lindes del camino, en teoría o vamos sobre el camino correcto o bien vamos por donde más personas se han perdido. Al cabo de un rato volvemos a encontrar de nuevo las balizas.

Cresteando, llegamos al vértice geodésico de la cumbre de la muela, un señor muy entrañable de protección civil, nos da ánimos para continuar, después lo vería en meta, le estrecharía la mano y le volvería a dar las gracias de nuevo. En estas gestas, cualquier aliento para continuar se agradece enormemente. Las vistas son una pasada, paramos para hacernos unas fotos, tocamos cumbre y volvemos para dejarnos caer por una tortuosa pista de descenso, sobre unos 12 km de bajada sin tregua, a veces paramos uno segundos para ahuyentar a los calambres, dejar que los músculos de las piernas se recompongan y seguir camino abajo.





Al cabo de un rato, llegamos al avituallamiento del inicio del cauce del río Alharabe, dejamos la pista para adentrarnos en un espectáculo de colores, aromas y sonidos. A pesar de mis problemas auditivos, el discurrir del agua a lo largo del río, la vegetación agolpada contra las paredes de la montaña, las pozas de agua gélida, es música y relajación para la menta que la transportan a otro lugar. No podemos correr, puesto que los saltos formados por el agua no lo permiten, ni falta hace podría haberme quedarse una eternidad...

Al cabo de un par de kilómetros río abajo, llegamos al camping de "La Puerta", la verdad es que el tramo en este punto es un tanto absurdo, bajamos todo el camping para después volver a subir por la senda que bordea el río, cruzarlo y volver a bajar, no sé si la organización quería que viésemos algo que yo por supuesto no ví. Dejaríamos el cauce del río para alcanzar el siguiente avituallamiento, a Iván, algún calambre en su cuadriceps le avisaba, aunque para un triatleta recuperarse de esto, supongo que será bastante habitual, porque al instante estaba otra vez trotando. Andábamos por el kilómetro 50. Dejábamos aquel avituallamiento sin antes despedirnos de la gente de la organización y una "mascota" que nos encontramos en nuestro paso, una culebra de más de un metro, que Jose se atrevió, jugueteando con ella, a cogerla del rabo.

Continuamos nuestra particular gesta, corriamos por sendas y caminos de monte bajo, desfilando incluso al lado de la carretera. Supongo que para hacer un ultratrail, hay que conectar de alguna forma un gran pico con otro, este tramo, para mi gusto no fué de lo más acertado, pero posiblemente no quedase otro remedio. Pronto comenzamos a ascender de nuevo y al cabo de unos kilómetros alcanzaríamos el penúltimo avituallamiento (Los Asares). Gran sorpresa porque creía que estábamos mucho más atrás, sin embargo, estábamos casi en la mitad del último ascenso, esto fué una inyección de moral, que hizo que comenzase a tirar de nuevo mucho más rápido, aunque la última parte, el tramo más empinado, me hizo poner de nuevo los piés en el suelo..., no quería pifiarla después de haber llegado hasta allí.


Por fin, tocaba escalar el último tramo, casi 300 metros positivos de un plumazo, lo fuí contando con mi GPS, creo que por eso se me hizo eterno. En los últimos metros, notaba como el aire gélido me secaba el sudor, vaticinaba el fin del ascenso, así que esperamos a que Jose nos alcanzara para dejarnos caer por la otra vertiente. Mientras bajábamos, los lugares me eran familiares porque habíamos pasado horas antes por allí.

Llegábamos al último avituallamiento... "El autoavituallamiento", la organización había dejado unas garrafas de agua al sol y un par de botellas de cola abiertas..., supongo que sería para que nuestra garganta no enfermara con el agua tan fría. Yo iba bastante entero, casi no me importó, pero para las personas que van tocadas, esto es un despropósito, una falta de respeto. En este tipo de carreras, cualquier mano amiga que te ayude, cualquier frase de ánimo, puede suponer un mundo.



Seguimos con el descenso, bastante recompuesto, comenzé a trotar cada vez más rápido, pude incluse adelantar a algunos corredores. Por fin tocaba con mis pies el asfalto que nos llevaría al pueblo. A unos 300 metros de meta. me detuve, esperé a que me alcanzaran mis compañeros de fatigas y cogidos de la mano atravesamos triunfalmente el arco de meta.




En cuanto a la organización, pues creo que 45 € de inscripción dan para algo más que lo que nos dieron en los avituallamientos. En fin, no faltó agua, coca-cola, sandwich's de nocilla y sandwich's de jamon york y queso, bastante secos por cierto. Por favor, lo del autoavituallamiento, no lo volvais a repetir. Por otro lado, y como crítica constructiva, en cuanto al trazado (un 80 % de pista y un 20 % de senderos aprox.), invirtiendo los porcentajes, para mi gusto y supongo que para los más montañeros, la carrera sería todavía más bonita.




Track


miércoles, 2 de octubre de 2013

I Ultratrail de Sierra Nevada y la magia de la montaña del Sol (Sulayr)

Mientras el autobús nos subía al Puerto de la Ragua, desde donde darían la salida oficial para la carrera de 55 km, mi pierna derecha (mi talón de aquiles) comenzaba a cobrar vida y "bailoteaba" sola, no sé si era el efecto del café que me había tomado unos instantes antes de salir, o simplemente producto de los pensamientos de lo que me venía encima. Me sentía como cuando tenía 6 años y mi madre me llevaba al primer día de cole después de estar todo el verano sin acordarme de el. 



Nada más llegar al refugio de la Ragua, a través de los cristales del autobús, podíamos ver como las copas de los árboles se agitaban y la gente abrigada presagiaban un descenso importante de las temperaturas. Bajamos todos del autobús y nos apresuramos a ponernos el cortavientos. Mientras haciamos tiempo para que dieran el pistoletazo de salida, pudimos hacernos algunas fotos. 5 minutos antes de soltarnos a todos, en manada, alguien de la organización dió una pequeña charla técnica. Decía que las lluvias de la noche anterior habían complicado los 5 primeros kilómetros, los cuales eran los más técnicos de toda la carrera y que había un paso equipado con cuerda. Al escuchar aquello, me vieneron imágenes de mi querido Maigmó, el cual tantas veces he salido a entrenar por allí. En la última ocasión, acompañado por Esteban y David, lloviznaba y lo pasé un poco mal, los resbalanos se sucedían y por un momento me negué a cruzar por la parte más alta de la cima y tuvimos que retroceder. Este recuerdo mezclado con la idea de que estábamos pisando alta montaña, hizo que por unos instantes la incertidumbre se apoderara de mí. 



 El alcalde de Abrucena dió la salida, al poco todos trotábamos, con un ritmo muy lento y conservador. Mi RaidLight de 5 litros comenzaba a dar tumbos, no estaba bien ajustada y no iba a ir toda la carrera así. Paré a Rafa y le pedí por favor que tirara de las correas para apretarla un poco más, tiró con fuerza y noté como la mochila se pegaba a mis hombros, tanto que incluso cuando respiraba notaba cierta presión en ellos. Volvimos a iniciar la marcha, por un sendero bastante estrecho que culebreaba a través de un barranco, la posibilidad de poder ganar algunas posiciones se esfumaron. La gente se paraba cada vez que había un cambio en el desnivel, así que al cabo de varios parones, bajo mi criterio, sin sentido, decidí comenzar a pasar a la gente de la mejor forma posible, sin estorbar demasiado.




 Llegamos al paso de la cuerda, realmente no hacía falta cuerda, aquello no era técnico como decía el de la organización. Pensé en nuestra querida Sierra de Bernia, sus rocas puntiagudas, sus escarpados riscos, los pasos equipados con cadenas de acero, como la gente volaba por encima de nuestras cabezas en su Km. Vertical. De todas formas, supongo que esto será relativo según la experiencia de la persona, y lo mál que lo haya pasado en este tipo de carreras.

 Una vez sorteada la cuerda, seguimos descendiendo por aquel barranco, cruzando alguna carretera hasta llegar a la primera subida. Rafa ya había quedado atrás, Jose e Iván delante de mí, después de aprox. 8 km. no había ni rastro de ellos. Comenzamos la primera subida, posiblemente la más empinada aunque no la más larga. Dejé de correr y apretando mis manos contra mis rodillas, a paso corto pero rápido, subí hasta el camino donde estaba el avituallamiento. Tres o cuatro corredores de espalda delante de mí, mientras cruzaba el camino para llegar hasta la mesa, cuando pude distinguir el cortavientos de Iván y las mallas rojas de Jose. Los llamé y se dieron la vuelta, nos saludamos, alguien apreció un hilo de sangre en mi oreja, 20 minutos antes, una zarza se enganchó en ella, y lo único que hoy fué un chasquido indoloro.



 Salimos de allí y notaba un ritmo algo más rápido que el que yo había llevado durante la carrera. Decidí aflojar un poco y lo dije en voz alta a mis nuevos dos compañeros de viaje, sabía que no debía forzar mi ritmo, sabía que esto tarde un temprano lo pagaría. Al poco dejamos la pista para volver a los bonitos paisajes de enormes pinos, alfombras de hoja debajo de nuestros pies y senderos zigzagueantes casi interminables. Km. 20 y segundo avituallamiento, catering de arroz, preparé de nuevo mi mochila para afrontar los siguientes 10 kilómetros y cuando cogí la bandeja de arroz que me tocaba, mis compis decidieron partir de nuevo. Les dije que continuaran, que me apetecía comer un poco y dejar que las piernas descansaran 5 minutos. Jose, antes de salir, preguntó en que posición íbamos, puesto que era control de dorsales en ese punto, me sorprendió que dijese que ibamos en un magnífico puesto 27. 

Al poco, decidí partir, 7 kilómetros de bonito sendero, en la parte más alta de un barranco, se oía discurrir agua, mirando hacia el fondo del barranco se podía divisar un minúsculo arroyo de agua. Poco a poco y sin darme cuenta continuaba ganando posiciones, realmente me encotraba bien y con fuerza. Alcancé a Diego, un corredor de Aguadulce (Saludos Diego si me lees), era su primer ultra y pude compartir unos kilómetros con él. Tenía las fuerzas justas y necesarias para llegar a meta, pero sobre todo mucho "coco", de eso que hace falta en este tipo de carreras y que sin ello no vas a ningún sitio, el gran motor que nos impulsa a cruzar el arco, incluso arrastrando si hace falta. 



 Me acercaba de nuevo, por segunda vez, a Jose y a Iván. En el último avituallamiento, me dejé caer con Iván, Jose quedó un poco más atrás. Iván bajaba a un ritmo imposible para mi, así que le dije que no esperase y que tirase. En la ultima parte de la carrera, cuando ya tocaba asfalto, paré, no podía correr más y menos en asfalto, era como una alfombra que frenaba mis pasos. Un chico a 100 metros de mí, llegó hasta mí gritándome, no pares ahora!!, estás a 500 metros de la meta. Pasé por su lado y le toqué la mano dándole las gracias, me dejé caer por la cuesta de la entrada del pueblo, cuando la gente empezó a aplaudir y a gritar, dejé de notar el dolor en las piernas, una sentimiento de calor me invadió, solo oía que mis pasos que se apretaban y chasqueaban con mas fuerza en el suelo. Mis dos peques (Marc y Pau), salieron de enmedio de la muchedumbre y dándome la mano, con ellos crucé la meta. Creo que no he sentido nada igual en mi vida.



Sulayr o montaña del sol, palabra con la que designaban nuestros antepasados árabes a sierra Nevada, es el nombre con el que nuestros contemporáneos han denominado a un sendero de más de 300 kilómetros, rodeando en bucle a uno de nuestros sistemas montañosos más bellos de la península, Sierra Nevada.



Gracias Jose por el material gráfico.

lunes, 22 de julio de 2013

Con nocturnidad y alevosía en la Sierra de Castalla

Al final fuimos 11 personas las que a las 21:00 de la noche del viernes arrancábamos desde la puerta de mi casa en Castalla. De Yecla se acercó Verena, de Alcoy lo hicieron Jessi, Noelia y Jose Miguel, de Castalla se sumó Sergio Galiateo, de Alicante subieron Esteban Díaz, David Galiana, Juanma,, José Luis Galiana y Gosa.

Una buena mezcla y amalgama de clubes: A to trapo, Club de atletismo de Castalla, Aper, Club Nativos, Onsen Runners. Pa muestra que mejor que echar mano del fotógrafo oficial de la cursa, Juanma. Algunos, además, estrenamos equipación.



En los primeros compases todavía hacia calor. A los dos kilómetros dejábamos el asfalto y poco a poco nos internábamos en la Serratella, primera senda de subida un tanto abrupta y también un tanto técnica. 

Un kilómetro y medio de constante subida y pisabamos la primera pequeña cima. El atardecer espectacular, al fondo y a la derecha veíamos el macizo de la sierra del Reconco y a la izquierda podíamos divisar los últimos 5 minutos de un sol moribundo junto a la sierra de Biar. 


Continuamos hasta llegar a la "Casa del Revolcador" y en vez de pasar por delante de la jauría de Canes hambrientos y evitar de que alguno de nosotros sirviésemos de carnaza de un tal festín, decidimos girar, cogiendo una senda que rodea la casa por detrás de esta y adentrándonos un poco más en la Sierra de la Argueña.




 
Al poco y a través de una corta pista, llegábamos a la Font de la Carrasca, todavía con agua, gracias al atípico comienzo de verano. Recargamos los bidones y comenzamos el ascenso hasta la Umbría del Carrascal, el "Pou de Nou" totalmente restaurado despertaba la curiosidad de todos. Aprovechando el alto, algunos preparamos el frontal y comimos algo. 




Arrancamos de nuevo y ya no paramos hasta llegar a los pies del tortuoso cortafuegos que culminaría cerca de la cumbre de la replana. Al llegar a la cresta, la suave y fresca brisa invitaba a quedarse más tiempo allí, disfrutando de las vistas y de tal agradable momento. Alguien hizo que algunos despertásemos y con la voz de "Oso Ondo" continuamos cavalgando la cresta de la replana; a unos metros antes de coger la senda que parte del mismo camino hacia la derecha, vimos unos frontales parados al fondo, era otro grupo de corredores a los cuales saludamos y lo mismo hicieron ellos.

Habiamos dejado la pista de la replana atrás, y nos dirigiamos hacia "Las fermoses", a través de una senda con algo de roca. Las vistas y la suave inclinación del terreno, invitaban a bajar "a fuego" o al contrario, tomarte tú tiempo para poder escudriñar el paraje por el que pasábamos.

Dejamos la senda para coger otra pista que nos llevaría al GR-7 y sobre este, tomamos dirección norte, al poco lo abandonábamos para comenzar el ascenso a la "Lloma Ampla", a la izquierda podíamos observar la "mano del hombre", troncos de pinos, posiblemente algunos de ellos centenarios, apilados como mondadientes, el olor a resina era abrumadora.

Al grito de otro "oso ondo"!! y al poco estábamos en la cima de la Lloma Ampla,  comenzamos a trotar por la serpeante senda que crestea hasta la encrucijada del "Camí Real". Haciendo una pausa se podía contemplar un cielo limpio y plagado de estrellas. Una vez  todos reagrupados. Propuse dos alternativas, o bajar hacia Cantalaes y desde aquí al "Pino del Litero" o continuar recortando por la "Caseta del Ángel" hasta el "Pino del Litero". La falta de tiempo y no el cansancio hizo que todos nos decidiésemos en bajar por la "Caseta del Ángel". 

Llegamos de nuevo al asfalto, y después de un par de kilómetros, pisabamos de nuevo el punto de inicio.

Bocatas, birras y coca para una buena jornada de entrenamiento en buena compañía.


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